La primera vez que lo encontré, era cuando estaba en el año sexto de mi escuela secundaria. Era un viejo bajo con poco pelo blanco. Estaba vestido en las típicas batas negras de un monje del orden San Benedicto. Su cara era muy arrugada y me parecía tener siempre una expresión seria. Caminía con una caña y un gran maletín. Porque estaba el abad de mi escuela, un empleo muy importante y religioso, tenía mucho miedo de él. Lo pasaría en la escuela cuando estaba yendo a clases y no lo miraba porque estaba tan asustado.

Muchos años después decidí a tomar el clase de griego anciano. Tenía mucho interés en idiomas. Me fascinía la idea de aprender un otro abecedario. El profesor era lo mismo abad. Se llama Abad Aidan Shea. Tiene casi setenta años pero todavía fuma a menudo en el fondo del abadía. Él sabe con mucha fluencia español, francés, latín, griego, y muchas palabras de chino y vietnamita cual estudió con un libro francés. Tiene un accento fuerte de su hogar en Boston, Massachusetts.

Con frecuencia durante nuestras clases sus estudiantes anteriores veniría a la clase a hablar consigo. Hace muchas bodas y baustimos para estes mismos estudiantes. Algunos dan sus hijos el nombre del abad.

En mis clases todos los estudiantes lo querían, aunque es un hombre de una época completamente diferente de nuestra. Siempre necesitamos explicar cosas sobre la cultura popular como quién es Yoda. Los otros profesores también les gusta y le dan tortas y galletas aunque siempre da la misma comida a estudiantes.

Para mí era como un amigo y un mentor. Siempre escucharía a cualquiera cosa yo quería decir. Animó mi interes en griego y en otros idiomas también. Sugerió que pueda leer Don Quixote y La comedia divina en sus lenguas originales. Además me apoyó a ir a este programa. Piensa que la escuela española es una idea buena aunque espera que continue estudiar griego. Quisiera mantener contacto con él y algún día le muestra mi propio hijo Aidan.