31 Julio 2007
“La ley de Herodes” es una película sobre la corrupción en el gobierno mexicano. El protagonista se llama Juan Vargas. Se hace el presidente municipal de un pueblito aislado. Su jefe quiere ser el candidato del PRI para el gobernador. Así no quiere que esté asociado con los problemas del pueblo que están llevando atención. Busca el menos inteligente persona del partido que puede encontrar para hacer el nuevo presidente y espera que no tener que pensar en el pueblo nunca más.
Juan Vargas llega y pronto descubre que hay bastante problemas en el pueblo y él no tiene ningún dinero para arreglarlos. En el principio trata de ser justo pero pronto empieza a usar impuestos para robar dinero de la gente del pueblo. Se hace más y más corrupto como tiempo pasa. Soborna el cura, visita al burdel, mata personas y golpe su mujer.
En la ciudad su jefe ha tenido problemas también. Él no era elegido como el candidato del PRI. Así decide matar al otro candidato parar lograr el puesto. Trata de matarlo pero falló. Oye que Juan ha sacado mucho dinero en el pueblecito así decide de venir allá para tomarlo. Pero cuando trata de robar el dinero Juan lo mata.
Las personas del pueblo deciden a la misma vez a matar Juan por los tantos malos que ha cometido. Afortunadamente los hombres del otro candidato llegar para buscar el jefe de Juan y lo rescatan. Por matar su jefe, Juan se convierte en un héroe y se hace un miembro del Congreso.
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30 Julio 2007
Dos hombres están orinando en un baño.
--Hola, hombre. ¿Qué tal?
--….Bueno.
--Es un buen partido, ¿no? Es loco que todavía nadie haya logrado un gol, ¿eh? Y también mire que bonito es este día. ¿No lo cree?
--Sí, supongo que eso es verd….
Interrumpiendo.
--Y todos los pájaros están cantando y todos los flores están floreciendo. No pudo ser un día más perfecto. Uuuyy, pero que grosero soy. Se me olvidó. Me llamo Julio López, para servirle. Pone su mano para un apretón.
Mira fijamente al techo por unos segundos pero por fin aprieta la mano.
--….Soy Juan Fernandez de la Valle.
--Juan Fernandez de la Valle, es un placer a concerle. ¿Sabe usted que tengo un primo con el mismo nombre? Es un escritor. Escribe las capciones debajo de cada foto en el periódico.
--….interesante.
--Sí, sí claro. Pero aunque él sea más famoso, todavía prefiero mi empleo en el departamento de vehículos con motores. Me siento que poder ayudar personas de verdad allá. Por ejemplo una vez una mujer entró con las formas incorrectas. Tenía forma 43.2b en vez de 46.5c pero ayudé a ella encontrar la forma correcta y tres meses después ella recibió su carné de conducir.
--eh….pienso que oír mi novia llamándome. Me perdona pero tengo que irme.
--Espere. Antes de salga, quiero preguntarle. ¿Usted ha escuchado la palabra de Jesús? Quiero darle algunos paquetes.
Juan cierra sus pantalones y corre afuera del baño.
Julio mira al closet del conseraje.
--Oye, mi amor. Todavía no necesitas esconderte. Tu novio salió.
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24 Julio 2007
Estaba desayunando: huevos, tocino, pan y una copa de naranja. Mientras estaba comiendo en mi comedor, miraba afuera de una ventana. Vi mi vecino subiendo la montaña que está al fondo de mi casa. Pienso que la sube cada día, tal vez para mejorar su bienestar pero ¿qué sé yo? Esta vez decidí mirarlo por un largo rato como no necesitaba ir al pueblo ese día y estaba aburrido. Él llevaba ropa normal para el senderismo: grandes botas morenas, una chaqueta verde, una gorra de béisbol y jeans. También tenía una mochilla enorme. Sin embargo había algo raro. No tenía mis gafas así no puedo estar seguro pero pienso que llevaba un tenedor en su mano izquierda y una cucharita en su mano derecha.
Decidí que tal vez necesitara dormir más así regresé a mi cama. Pocas horas pasaron y me desperté. Bajé las escaleras y entré el comedor para hacer el almuerzo. Cuando cortaba lonjas de jamón, ojeaba la ventana otra vez. Mi vecino había desaparecido. Suspiraba hasta me di cuenta de la cima de la montaña. No podía encontrar los grandes robles que había estado de pie por muchos siglos allá. Además había un gran hueco en la piedra de la montaña.
Pues ahora tengo que salir. Voy al pueblo para comprar algunas pastillas y quizás una botella de vino.
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23 Julio 2007
No sé porque decidí a seguirla. Estaba buscando para algo comprar aunque ahora no recuerdo qué. De repente la vi. Ella era una rubia bellísima. Llevaba una camiseta blanca, una falda pequeña y una gorra de béisbol mirando hacía atrás. Me parecía que me había sonriendo a mí cuando me había pasado. Su largo pelo rizado saltaba de su espalda como caminaba. Pensaba que me había enamorado de esa mujer.
Quería conocer su nombre por lo menos. Hacía muchas razones para pararla. Pudiera decir que la bella había olvidado su bolsa pero no la tenía. Además no quería parecer como un ladrón. Pudiera fingirme perdido y preguntarle a ella dónde estaba el Catedral Nacional pero ya lo sabía y nunca había podido a mentir. Así la seguía y me ponía más y más enfadado y triste conmigo como la hora pasaba.
Caminaba con cuidado. No quería que la hembrita me viera hasta estaba listo. A veces me ocultaba dentro de la muchedumbre caminando las calles. La primera vez cuando me oculté, perdí la vista de los rizos. Tuve que correr y empujar personas por unos minutos. Por fin la vi doblando a la derecha. Desde entonces siempre la miré fijado.
Cuando llegó a la calle dieciséis, ella dobló a la izquierda. La mujer ojeaba a sus lados y caminó rápidamente. Solté debajo de un carro y me pregunté si me había visto. Cuando regresé para buscarla otra vez, me dio cuenta que había entrado alguna tienda. Desesperadamente buscaba, finalmente encontré una puerta todavía lanceando. Corrí a la entrada y paré. Encima de la puerta había una señal que decía “Cirugía plástica para transexuales.”
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17 Julio 2007
-- ¿Pero de dónde viene ese tipo? No me gusta pa’ na’.
Después de mirar por tres minutos, se fue la esperanza y me senté al lado de la anciana.
-- Mire, joven, espero que no tenga ganas de robar mi bolsa; tengo gas para defensa personal.
Me miraba fijamente como yo era algún monstruo. Yo trataba de no mirarla porque el piel tenía muchas arrugas y verrugas.
-- Sí, señora. No le voy a hacer nada a una mujer tan respetable y linda como usted.
Trataba de recordarme que había solamente dos paradas más.
-- Si trata algo, va a tener problemas. He encontrado muchos niños sospechosos como usted, y sé cómo funcionan sus trucos.
Cuando ella decía estas palabras, las mejillas se empezaron a temblar y hacerse rojas. Yo jugaba con una pieza de chicle debajo de mi asiento. La sentía dura y era difícil formarla. Solamente una parada más.
Hay muchas cosas interesantes que puedes leer en un autobús. ¿Sabía usted que algunas personas gastan demasiado dinero para los impuestos y pueden recibir casi quinientos dólares? También va a estar una nueva película muy divertida con Jim Carey. A veces hay otros mensajes escritos encima de las publicidades como “Bush es un pendejo” o “Mike estaba aquí.”
Cuando estábamos cerca de mi parada, señalé al conductor.
-- Ya me siento más seguro. Diga a sus amigos que no traten de engañarme tampoco.
Me puse de pie y rápidamente salí del autobús. Pensaba ser comprensivo. Ella era muy vieja y el mundo puede ser cruel con los viejos.
Decidí llamar a mi mamá para decirle que estaba caminando a la casa. Pero cuando puse la mano en el bolsillo, no podía encontrar ni mi móvil ni mi cartera.
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14 Julio 2007
Son las tres de la madrugada en una pequeña ciudad. Hay muchas nieblas oscuras, recuerdos de una tempestad reciente. La tierra está mojada y un río delante de la ciudad otra vez está lleno de agua. Circundante del río hay muchos árboles y hierbas verdes, rejuvenecidos por la lluvia. Encima del río hay un gran puente de piedra gris. Un camino sigue de las afueras a la izquierda, sobre el puente y finalmente al centro de la ciudad a la derecha. Al fondo y a la izquierda del puente hay una castilla anciana de una época guerrera aunque solamente turistas vienen a la castilla ahora. Muchas de las personas de esa época viven hoy día en el cementerio al fondo y a la derecha de la castilla en una gran colina.
Durante el día muchas personas entran y salen de la ciudad pero a esta hora todos incluso los pájaros en los árboles todavía están durmiendo. Por pocas horas la ciudad está quieta y tranquila. Son las únicas horas que la ciudad tiene libre para pensar sobre su rica y larga historia. Pronto los monjes van a levantarse y regresar otra vez al catedral a la izquierda de la ciudad para rezar la primera oración del día. Un monje tiene el papel de tocar las campanas en la torre altísima del catedral. Eso señalará el principio del día y otra vez la ciudad regresará a pensamientos del presente en vez del pasado.
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14 Julio 2007
Era domingo así el museo estaba cerrado. Aunque en verdad el museo siempre estaba tan tranquilo y vacío como hoy. El museo era bastante pequeño. Parecía más como una casa pero en vez de un jardín había un ferrocarril y en vez de un perro corriendo rápidamente, había un viejo tren durmiendo. El museo había sido una estación verdadera hace muchos años pero un grupo de hippys la compró y se convirtió en un museo ferroviario.
A los hippys les encantaban los trenes aunque ningún del grupo había trabajado en una estación de ferrocarril. Llevaban todas las ropas ferroviarias: los overoles, las camisas azules con botones, las gorras del conductor o la bandana de los trabajadores de la locomotora, y grandes zapatos negros. Sabían todo sobre los trenes. George sabía cómo funciona la locomotora, Bethanne sabía cómo conduce el tren, y John sabía la historia de cada estación, tren y ferrocarril por doscientos años.
A las doce casi diez carros llegaron. Eran los hippys. Habían venido para festejar sobre el pasado y el presente. Desde cinco hippy originales, el grupo había crecido a veinte sobre tres generaciones con dos nacimientos nuevos. Finalmente la estación sentía cómo un verdadero hogar.
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9 Julio 2007
La primera vez que lo encontré, era cuando estaba en el año sexto de mi escuela secundaria. Era un viejo bajo con poco pelo blanco. Estaba vestido en las típicas batas negras de un monje del orden San Benedicto. Su cara era muy arrugada y me parecía tener siempre una expresión seria. Caminía con una caña y un gran maletín. Porque estaba el abad de mi escuela, un empleo muy importante y religioso, tenía mucho miedo de él. Lo pasaría en la escuela cuando estaba yendo a clases y no lo miraba porque estaba tan asustado.
Muchos años después decidí a tomar el clase de griego anciano. Tenía mucho interés en idiomas. Me fascinía la idea de aprender un otro abecedario. El profesor era lo mismo abad. Se llama Abad Aidan Shea. Tiene casi setenta años pero todavía fuma a menudo en el fondo del abadía. Él sabe con mucha fluencia español, francés, latín, griego, y muchas palabras de chino y vietnamita cual estudió con un libro francés. Tiene un accento fuerte de su hogar en Boston, Massachusetts.
Con frecuencia durante nuestras clases sus estudiantes anteriores veniría a la clase a hablar consigo. Hace muchas bodas y baustimos para estes mismos estudiantes. Algunos dan sus hijos el nombre del abad.
En mis clases todos los estudiantes lo querían, aunque es un hombre de una época completamente diferente de nuestra. Siempre necesitamos explicar cosas sobre la cultura popular como quién es Yoda. Los otros profesores también les gusta y le dan tortas y galletas aunque siempre da la misma comida a estudiantes.
Para mí era como un amigo y un mentor. Siempre escucharía a cualquiera cosa yo quería decir. Animó mi interes en griego y en otros idiomas también. Sugerió que pueda leer Don Quixote y La comedia divina en sus lenguas originales. Además me apoyó a ir a este programa. Piensa que la escuela española es una idea buena aunque espera que continue estudiar griego. Quisiera mantener contacto con él y algún día le muestra mi propio hijo Aidan.
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